Nuestra historia
En 2020, con la pandemia, llegué a la Isla de El Hierro. A la que ha sido siempre la casa familiar de mi marido, La Rayuela. Había estado muchos años abandonada, y requería de una casi completa rehabilitación.
En cuanto hicimos La Rayuela mínimamente habitable, empezaron a llegar los amigos, primero poco a poco, y luego, cuando cesaron las restricciones de movilidad, más asiduamente.
Desde entonces, la casa empezó a llenarse de conversaciones, puestas de sol, desayunos tranquilos y esa vida serena que terminó dando forma al proyecto.